Mostrando entradas con la etiqueta Algo que decir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Algo que decir. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de agosto de 2014

No tengo un espacio en tu carpeta


Yo no tengo un espacio en tu carpeta

 

Lo he descubierto hoy.

 

He descubierto, también, que no eres como dices que no eres. Yo tampoco soy tan original como me creía; todo lo que te he dicho, lo había dicho antes y te lo habían dicho ya.

 

También he descubierto que todo esto ya lo hemos vivido y que, por lo tanto, sabemos cómo acaba. Ser consciente de esto me hace sentir como si estuviera viviendo ya para el recuerdo, que será mucho más querido de lo que imagino ahora, porque estas cosas suelen ser así. Esta sensación me hace sentir pequeña, insignificante, sin importancia, como un número de teléfono anotado al borde de una hoja de cuadros que acabará en la basura, porque ya sé que no tengo un espacio en tu carpeta.

 
Yo no tengo, ¿sabes? No guardo nada entre las hojas amarillentas a lo que regresar cuando el presente se tambalea. En algún momento debí creer que era bueno para afianzarlo, para dar pasos más conscientes y seguros. Y ahora ya ves, el hoy empieza a hacerme aguas y no quiero mirar a un futuro que sé cómo acaba ni puedo volver atrás. Tú siempre podrás buscar entre tus separadores y yo siempre sabré que no estoy en ellos

martes, 3 de diciembre de 2013

Armaduras que son sombreros


Yo, que era capaz de jugar con las rodillas llenas de sangre durante toda la tarde fingiendo que no me dolía.

Yo, que salí del Rey León impasible ante la muerte de Mufasa y me reía de las cartas anónimas de San Valentín, que elegía siempre las películas con más golpes de la cartelera y me reía de las carpetas adornadas con corazones atravesados por una flecha...

Yo, que me juré en una desesperada medida cardioproteccionista no volver a sentir (o al menos demostrarlo) ,voy y con la mayor facilidad te repito que te quiero siempre que tengo la menor oportunidad y cuando no la tengo, la creo para poder decírtelo como si viniese a cuento. Imagino que te doy mil y un abrazos para que cuando te vea me salgan perfectos y creas que soy una profesional del cariño. Me quedo mirándote tan de cerca que pierdo la noción del tiempo y la consciencia de saber a quién estoy mirando hasta que tus ojos me recuerdan que son verdes a veces. Y cuando te miro hacer cosas sin que te des cuenta, me quedo tan embobada observándote en silencio que me voy llenando de palabras que rebotan por todo mi cuerpo sin ser capaz de abrir la boca por miedo a que te gires y ser la culpable de arruinar ese momento. Y aquí estoy yo, que habiendo prometido no mostrarme completamente ante nadie, de vez en cuando aparezco con el puzzle de mi vida en una caja llena de polvo por si algún día te apeteciera montarlo mientras por detrás se oye el sonido metálico de una coraza contra el suelo que los golpes han modelado hasta que me quedó perfecta.

No te confundas, no es que sea propensa a quitármela alegremente, es que me he dado cuenta de que nada es seguro y que hoy estamos aquí pero mañana mismo podría venir un ataque de malignas criaturas extraterrestres dispuestas a eliminar a todas las personas especiales de este mundo y si ese momento nos separara y tú, por cualquier estúpido miedo mío, no supieras lo jodidamente especial que eres, no tendría derecho a alguno a echarte de menos cuando ya no estuvieras, y no merecería poder mandarte los miles de besos que siempre se me quedan en el tintero si aunque fuese una sola vez hubiese desaprovechado la oportunidad de dártelos en persona.



Y es que a veces, y solo a veces, las corazas son como los sombreros, es bueno tener una por si se presenta una buena ocasión para quitársela.



lunes, 8 de agosto de 2011

Sin ti. Conmigo

Podría borrarme poco a poco.
En vez de empezar por ti, podría borrar todos los lunes del calendario. Aquellos en los que nunca pasa nada. Así no existiría aquél que nos hizo vernos por primera vez como desconocidos después de tanto mirarnos a los ojos.
Podría continuar después, por esas sonrisas mías escondidas tras la vergüenza en la barra de aquel novelista francés. Podría borrar ese resto de la semana en el que te confundía con el protagonista mientras diseñaba esa banda sonora que parecían seguir tus pasos.
Podría haberme borrado los pies para quedarme estática ante el irremediablemente inolvidable “si tú andas, yo te sigo” .
Podría haber acallado el sonido de tu llegada con el ruido de las voces ajenas que iban a por ti. Podría borrar todas las cosas que hacen de mi lo que soy, y todo lo que hace que te recuerde como ya no eres.
Y en vez de destruir, también podría restaurar todos aquellos abrazos anteriores que eliminé para que el tuyo fuese el primero. O quizás aumentar todos mis sentidos para intensificar todas las caricias de los nombres que ya no tienen ningún sentido, porque tú se lo has cambiado. Para poder esquivar el dolor de aquellas que ya no existirán.

O bien podría borrar todo lo que queda de mi para no tener que deshacerme de ti.

Sin embargo, me voy a ir sin tí, sabiendo que no sabré esquivar el sabor de que casi fuimos dos, me voy sin tí porque lo poco que me queda de tí sigue siendo demasiado.

domingo, 17 de abril de 2011

Luces de neón

Paso de las luces de neón, del no-olor a tabaco, de esas sonrisas maquilladas delante de la barra. No quiero saber nada de los rebaños con olor a colonia. Ni de los maniquís empeñados en ser fotografías en la retina de cualquier persona que nunca querrán conocer. No quiero oir las bandas sonoras de aquellos que saben reducir a una mirada todo el tiempo que nos cuesta a los demás. No comprendo aún esa necesidad de analgésicos refrigerados para sentirse uno mismo. Paso de las luces de neón, pero a veces me quedo un rato mirándolas.

jueves, 24 de marzo de 2011

Cuando menos me lo espero

Sonidos que nunca interpreté se asoman ahora llenos de colores imposibles de ignorar. Mi cuerpo va moviéndose ya al son de las palabras que nunca supe cantar, que tan sólo escuché en los labios de otros. Entran en mi y de repente me doy cuenta que siempre he estado hecha de ellas. Voy de la cocina al salón y parece que nunca había recorrido ese camino antes. La luz que ahora ilumina todo el espacio sale de mis ojos, encendidos por palabras que, aunque aisladas, siguen siendo yo. Bailo bajo la luz de esta tarde de verano mi canción repetida como nunca he sabido hacerlo. No peso, no paro de dar vueltas, no consigo dejar de sonreir por dentro. No puedo dejar de sentir. Oigo el sonido de la puerta, alguien que ya no reconozco me pregunta que qué hago a oscuras.

jueves, 30 de diciembre de 2010

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Arenas

La gente se llena la boca con palabras vacías. Porque creen que deben decirlas. Porque las han escuchado en alguna película de domingo por la tarde y les han sonado bien. Algunas veces hasta se creen lo que dicen aunque no sepan por qué, pero sin embargo raras veces las acompañan con acciones.

Cada vez que una palabra vuela, sin peso, y me toca, la miro deshacerse como arena. Cada vez cuesta más andar sobre este desierto.